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LA FORTIFICACIÓN DE LA COSTA

Ante las repetidas incursiones piráticas en distintos puntos del litoral, a mitad del siglo XVI, el Duque de Maqueda, Don Bernardino de Cárdenas, en su etapa de Virrey de Valencia, realizó un importante aumento de las torres y puestos fortificados en la costa alicantina con la construcción de la torres del Tamarit, Escaletes y Atalayola, que conectaban con la torre del Pinet por el sur y con la del Carabassí por el norte.

A pesar de las medidas tomadas para fortificar la costa por el Duque de Maqueda, la incursión en la ciudad de Valencia determinó la decisión de la Corona de cortar el problema norteafricano. Por ello, se le encargó al ingeniero Giovanni Baptista Antonelli il Vecchio un proyecto para la defensa llamado el “Plan para la defensa de las costas del Reino de Valencia”, donde se readaptarían las torres ya existentes.

Todas ellas estaban alzadas estratégicamente para avistar al enemigo antes de que éste llegase a la costa y se comunicaban entre sí por medio de ahumadas de día y luminarias en la noche. Su custodia estaba encomendada a cuatro hombres: dos de a pie que realizaban continua vigilancia, y dos a caballo encargados de controlar el trayecto comprendido entre dos torres: comunicación, petición de auxilio, etc.

Tanto la torre Atalayola como la de Escaletes tenían guardas de a pie, pero no atajadores, cuya función de enlace entre las distintas torres corría por cuenta de los dos atajadores del castillo.