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LA TORRE DEL PORT DEL CAP DE L´ALJUB

 

A partir del siglo XIII, el principal obstáculo para el desarrollo de una población estable en el puerto del Cap de l'Aljub, fue el corso y la piratería, que alcanzó un gran desarrollo en esta zona desde mediados del siglo XIV. Es preciso tener en cuenta que la despoblación de los núcleos costeros del Levante, desde el final del Imperio Romano hasta la Alta Edad Media, hizo innecesaria la construcción defensiva, configurando los valles Medio y Alto del Vinalopó una especie de frontera desierto, en la que se daban las condiciones idóneas para el ataque por mar de corsarios y piratas.

Esta situación de indefensión motivó la construcción de una torre defensiva, conocida como la Torre Vieja o Torre del Port del Cap de l'Aljub, emplazada en el lugar que actualmente ocupa el Baluarte del Rey en el Castillo-Fortaleza, zona accesible y bien comunicada con Elche y con los otros núcleos de población más próximos.

No se conoce la fecha exacta de su construcción, aunque se supone que se levantó hacia 1337, fecha en la que el Infante don Ramón Berenguer concedió licencia al Concejo de Elche para edificar una torre defensiva en la isla de Santa Pola, hoy Nueva Tabarka, respondiendo a las necesidades imperiosas de fortificar la costa alicantina.

Para su descripción solo poseemos un testimonio del arquitecto D. Gerónimo Muñoz, fechado en 1595, (Archivo General de Simancas, Guerra Antigua, Leg.79 ) en el que nos dice:

Era tan fuerte la torre que el Capitán Barbarroja la cercó con cuarenta galeras para batirla, y aunque la cañoneó con diversas piezas de artillería jamás la pudo batir ni rendir, y que el duque de Maqueda habiendo visto y reconocido la fortaleza de nuestra torre no permitió que se derribase por entonces, sino que quedara dentro del baluarte del Levante como torre de homenaje para defensa del paso, y habiéndose hecho una fortaleza de un padrastro que tenía otra torre, con la cual se pensó servir de algún favor, por haberse reconocido el que sintió el efecto que se juzgó, se tuvo por más conveniente derribar la torre, y con efecto se derribó.

La guarnición estaba compuesta por un Alcaide y tres guardias que la custodiaban, lo cual resultaba insuficiente para la defensa de la costa ante la llegada de corsarios y piratas. En aquellos momentos en que se detectaban navíos enemigos en la costa, se requería la presencia de varios hombres, ya que los ataques no solo provenían de moros y moriscos, sino también de los castellanos.

La Torre del Port del Cap de l'Aljub junto a la del Cap Cerver, eran las dos piezas básicas en la red de alerta de la Gobernación de Orihuela. Los guardias avisaban a las autoridades de Elche de la presencia de navíos por medio de hogueras (almenaras) y el Concejo enviaba una fuerza armada a la torre para su custodia mientras durase la alarma. Esta embrionaria y modesta fuerza militar contaba con escasos recursos para el mantenimiento y puesta a punto de la tropa, municiones insuficientes y un armamento viejo y reducido, todo lo cual impedía al Concejo organizarse correctamente para repeler los ataques.

La torre se encontraba muy cerca del aljibe, que se halla en el subsuelo del patio de armas del castillo. Este aljibe se construyó antes que la torre y dió nombre al puerto en época alto-medieval, suministrando agua procedente de los barrancos de la Sierra.
Este pequeño enclave defensivo generó a su alrededor un cortijo (término con que se refieren los documentos medievales a este reducido núcleo de población) con algunas tiendas para abastecer a los soldados y a los marineros. Además, también se utilizaba como almacén para proteger las mercancías de los robos y las posibles inclemencias del tiempo. Asimismo, había una iglesia y un horno de cocer pan. Todo ello, con el fin de fomentar una población estable, como era expreso deseo del Concejo de Elche, para: explotar los recursos pesqueros como fuente de riqueza, desarrollar el tráfico marítimo portuario y crear un frente defensivo para Elche y su término, ante el peligro musulmán, tanto el costero como el procedente de la morería en el arrabal de San Juan.

A fines del siglo XIV, concretamente en 1391, el rey Martín I vendió Elche, el Cap de l'Aljub y Crevillente a Barcelona para ayudar a sufragar sus expediciones a Sicilia. El municipio barcelonés pagó 27.500 libras, mediante contrato, por la compra de las dos poblaciones y el puerto.

De las actividades portuarias desarrolladas en el siglo XV, conocemos que el Cap de l'Aljub era el puerto que los jurados de Elche designaron para el desembarco del pescado capturado en las aguas del término y en la isla de Santa Pola, la actual Tabarka. Se abastecía de pescado a Elche y se exportaba los excedentes agrarios (trigo, cebada, aceite, pasas, higos, sosa...) de Elche y los de parte de la gobernación de Orihuela.

Las autoridades de Barcelona, como señorío del lugar, se vieron implicadas en un pleito entre Elche y Alicante, por la competencia entre ambos puertos, al querer los dos controlar el comercio de la zona. En 1434, el Concejo de Alicante solicitó de don Juan, rey de Navarra y lugarteniente general del reino, una provisión según la cual se prohibía cargar mercancías en el puerto del Cap de l'Aljub, excepto a los vecinos de Elche y Crevillente, debiendo hacerlo el resto en Alicante. De ello se deduce que el puerto de Elche ejercía una cierta atracción regional por sus tarifas más bajas y Alicante veía en él un peligroso competidor al que había que eliminar. Al final, en 1457 el pleito fue ganado por Barcelona contra Alicante.

El 3 de junio de 1473, el Consejo de Ciento -órgano de gobierno de la ciudad de Barcelona- acordó conceder la reventa de la baronía (integrada por Elche, el Cap de l'Aljub y Crevillente) al rey Juan II, como un acto de pacificación y liquidación de la guerra civil, en la que se había visto envuelta la Corona Catalano-Aragonesa.