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DEL MUNDO ROMANO A LA SOCIEDAD ISLÁMICA

En este punto se pretende esbozar un periodo de transición histórica, concretamente, el momento que comprende desde el final del mundo romano, en el que se produce la destrucción de la organización social, económica y fiscal del Imperio, hasta la formación de la sociedad islámica.

A partir de la conquista del sureste peninsular en el siglo VII, este territorio pasó a denominarse Tudmir, nombre que le asignaron los geógrafos árabes, y que estuvo ligado a la figura de Teodomiro, personaje visigodo que suscribió un pacto de capitulación en el 713 con Abd al-Aziz ibn Musa, por medio del cual Teodomiro reconocía la soberanía islámica, a cambio de convertirse en el administrador de una zona, cuyos habitantes estaban obligados a pagar una serie de impuestos. Este hecho supuso que la conquista de todo el territorio de Tudmir no se llevó a cabo por conquista militar, sino por capitulación acordada. Más tarde, este mismo término designó una cora (Kura) o demarcación administrativa de Al-Andalus, la Cora de Tudmir, que comprendía las actuales provincias de Alicante, Murcia, Sur de Albacete y Norte de Almería.

En el caso de Ilici, importante civitas tardorromana y sede episcopal, dejó de existir tras la conquista islámica, al trasladarse la población a las villas rústicas, cercanas al Vinalopó, donde se habrían asentado los musulmanes, dando lugar, con el tiempo, a la nueva ciudad de Ilš. La búsqueda del ascenso social hizo que la población hispanorromana se islamizara, con lo cual pasaba a convertirse en ciudadana de primera categoría, al contrario de lo que ocurría bajo el dominio visigodo. Este deseo de mejorar socialmente provocó la búsqueda de nuevos territorios donde asentarse, sobre todo alquerías o fincas de campo, y el consiguiente abandono de las antiguas ciudades, como es el caso de la Colonia Iulia Ilici Augusta y el Portus Ilicitanus, ciudades cristianas consideradas impuras por los musulmanes.

Los textos árabes referentes a Tudmir mencionan brevemente el puerto de Santa Pola, al que denominaron Shant Bûl, en la descripción que hace Al-Bakri al enumerar los puertos del Magreb medio y los que están en la costa de Al-Andalus. Esta mención es fundamental, porque permite identificar Santa Pola en el texto del geógrafo oriental Al-Yakubi (finales del siglo IX).
En este contexto histórico, a pesar de la escasez de documentos escritos y de la inexistencia de testimonios arqueológicos que lo avalen, es de suponer que el puerto de Santa Pola siguió funcionando en la etapa islámica, como puerto en la costa alicantino-murciana y fondeadero de naves hacia Oriente (al menos entre el siglo IX y el XI), aunque con unas atribuciones menos relevantes que en los siglos del Imperio.

Tras la conquista del territorio por los cristianos, el puerto se denominó Port del Cap de l'Aljub, término que aparece citado por primera vez en un documento de Jaime I, de 15 de Febrero de 1269. El nombre Cap de l'Aljub proviene de la existencia de un aljibe, elemento fundamental para el suministro de agua potable a las instalaciones portuarias.

Su emplazamiento, es el mismo que en la actualidad ocupa el Castillo-Fortaleza y su área de influencia abarcaba la comarca. Su gran competidor, el puerto de Alicante, limitaba sus posibilidades al contar con mejores condiciones y mayores recursos.

A partir del siglo XIII, los reyes y las autoridades locales intentaron potenciar la actividad comercial y portuaria por medio de la concesión de privilegios, para así asegurarse el control del territorio, tanto desde el punto de vista demográfico como económico. El Infante D. Manuel, señor de Elche, su hijo D. Juan, Jaime II, Martín I, entre otros, concedieron privilegios para el fomento de actividades mercantiles, consistentes en la exención de tasas a los mercaderes y navíos que viniesen al puerto, (1 dinero por cada espuerta o capazo de higos que exportaran), venta libre de pan, vino y comestibles. La intención era crear un núcleo de población estable y unas instalaciones portuarias fijas. Ello no fue posible por los peligros de la costa, las crisis del siglo XIV, etc.