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LA ÉPOCA ROMANA

La Romanización, que se inicia en Hispania en el siglo II a. C., se consolida en el Portus Ilicitanus con el cambio de Era. Este periodo significó el establecimiento de contactos comerciales a mayor escala con otros puertos del Mediterráneo. La Paz propiciada por el Emperador Augusto, a comienzos del siglo I d. C, potenció la industria y el comercio de las provincias, con lo cual se creó una clima favorable para la iniciativa privada - como se atestigua en el Portus, por la presencia abundante de monedas acuñadas en cecas hispanas-. Todo ello, unido a la creciente romanización de las provincias, supuso un aumento en la demanda de productos romanos.

A partir del siglo I d. C. el puerto se denominó Portus Ilicitanus, tal y como citan los geógrafos Mela, Plinio y Ptolomeo. Estaba situado en el sector S.O. de la Bahía, en el mismo emplazamiento que el antiguo puerto ibérico.

Este espacio marítimo permitió a la Colonia Iulia Ilici Augusta (Elche), situada aguas arriba del río Vinalopó, abrirse al Mediterráneo y florecer como ciudad. Platón consideró que la ciudad ideal debía estar a 13 km del mar; y curiosamente ésta es la misma distancia que separa Ilici de su puerto.

Las razones que impulsaron el desarrollo de este puerto son muchas: su situación geográfica privilegiada, sus recursos marinos y la política seguida por el emperador Augusto, que intensificó la actividad de los puertos del Mediterráneo con fines comerciales.

La prosperidad del puerto lo convirtió en una auténtica ciudad con almacenes, industria de salazón, villas residenciales, necrópolis, etc. Pero, a partir del siglo V d. C, la actividad comercial disminuyó de forma considerable, con lo que se inició un periodo de decadencia que finalizó con el definitivo abandono del puerto y sus instalaciones. El proceso de colmatación y avance de la línea de costa hizo que el puerto perdiese calado y con ello su utilidad como fondeadero.

El cese de las actividades en el Portus Ilicitanus debe relacionarse con la situación general de cambio por la que atraviesa el sur de la provincia Tarraconense, en los siglos V y VI d.C., a raíz de la crisis del comercio mediterráneo. Es posible que el hundimiento del comercio marítimo iniciara el declive y posterior abandono de los asentamientos costeros, cuya razón de ser era la redistribución de productos importados.

A partir del siglo V d.C. se produce en el Mediterráneo occidental una desarticulación a gran escala de las redes de intercambio comercial, como consecuencia de la destrucción del Imperio Romano de Occidente y de su aparato fiscal. Cesan las importaciones de productos norteafricanos y orientales, que anteriormente llegaban masivamente al Portus, para dar paso a productos de carácter local y tecnología elemental, que coexistían desde el siglo V d. C. con los artículos importados, pero que entonces se convirtieron en los más adecuados para un sistema sin actividad comercial y desestatalizado.